El Plan General de Ordenación Urbana de Madrid (PGOUM) de Madrid, vigente desde el año 1997, permite en sus normas urbanísticas, en determinadas normas zonales, la implantación del USO INDUSTRIAL, como uso COMPATIBLE (COMPLEMENTARIO) en situación de planta baja e inferior a la baja.

Ante esta posibilidad de uso, a nivel urbanístico, determinados empresarios han visto oportunidad de negocio al convertir naves y locales existentes en estas zonas, que eran antiguas industrias y talleres artesanales, en espacios adaptados a cocinas industriales u obradores totalmente equipadas, al objeto de alquilarlas a determinadas plataformas de comida rápida.

Estas plataformas utilizan dichos espacios para elaborar sus comidas para reparto a domicilio. Los canales de comunicación de estas plataformas con sus clientes son aplicaciones como Uber, Deliveroo y Just Eat.

Repartidor comida rider

El alquiler de una de estas cocinas para ejercer su actividad puede oscilar entre 1.000 y 2.500 euros en función de superficie, zona y prestaciones.

SI estas actividades han obtenido su pertinente licencia municipal de apertura y funcionamiento como uso industrial, bien ante una ECU o bien directamente ante el Ayuntamiento de Madrid, y a su vez han ejecutado todas sus medidas correctoras para adaptar la misma a normativa, cumpliendo todos los reglamentos y ordenanzas que le son de aplicación, no debería de haber ni de crearse ningún tipo de molestias a los vecinos colindantes.

De hecho, el Ayuntamiento de Madrid, debido a las crecientes quejas de los vecinos y de las asociaciones vecinales afectadas, han inspeccionado desde el pasado 4 de marzo de 2021, 22 locales de este tipo en Madrid, sin haber hallado irregularidades en ninguno de ellos, más allá de “pequeños defectos” en la distribución de 15 de ellos.

El propio delegado de Desarrollo Urbano, Mariano Fuentes, ha informado de que todos los locales inspeccionados se adecuan a las licencias concedidas y que no incumplen la normativa en cuestiones tales como olores, ruidos o movilidad.

Estamos en una sociedad donde rige el libre mercado y donde si un empresario decide emprender un negocio implantando una actividad, cumpliendo todos los requisitos que se piden para ello, debe tener derecho a hacerlo.

También está el punto de vista de los vecinos que residen en las proximidades de estos negocios, que alegan y presentan quejas de ruidos, olores, movilidad e implantación de instalaciones peligrosas.

De igual forma están las quejas de los restaurantes tradicionales que tildan estos negocios como competencia desleal con la que muchas veces les es muy difícil competir.

Ante todo ello, el Ayuntamiento de Madrid, con fecha de 29 de Julio de 2021, ha acotado y regulado las actividades de cocinas fantasma mediante la modificación de las Normas Urbanísticas del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid.

Ayuntamiento de Madrid

Las principales novedades son que no se podrán implantar cocinas industriales de más de 350 m² de superficie, equivalente a 6 cocinas máximo por local, y que tendrán que disponer dentro de las mismas de una zona de carga y descarga para que tanto el reparto de mercancías como los repartidores que vayan a recoger los pedidos operen desde el interior, al objeto de evitar ruidos, molestias y problemas de movilidad a los vecinos.

Además, se exigirá un estudio de movilidad y de impacto en el entorno. Con esta reforma las hasta ahora llamadas “cocinas fantasmas” pasarán a denominarse “cocinas agrupadas” disponiendo de una normativa urbanística específica.

Hasta la aprobación definitiva de las modificaciones del PGOUM, el Ayuntamiento de Madrid no concederá licencia de cocinas industriales durante el periodo de un año.

Con esta modificación el Ayuntamiento de Madrid obligará a desplazar este tipo de actividades, del centro de la ciudad donde el uso principal es el residencial, a polígonos industriales donde el uso prioritario es el industrial, en el extrarradio y afuera de la misma. 

Como conclusión, las cocinas agrupadas han venido para quedarse como oportunidad de negocio y es preciso alcanzar una buena convivencia de este tipo de actividades y los vecinos que tienen su residencia junto a las mismas, de tal manera que ni unos ni otros se vean perjudicados de forma alguna.

 

Andrés de Miguel, presidente de ADECOM