El final de una de las más afamadas canciones de la “mítica” banda de rock Asfalto (el entrecomillado en mítica es un guiño a algunos de mis miles de seguidores), decía lo siguiente: “Enseña a tu hijo a amar la libertad”. ¡Qué bonito!, ¡qué sencillo!, enseñar a nuestros hijos este precioso concepto. Pero si de verdad queremos que sean libres también hay que hablarles del coste que conlleva:

En las tiranías de izquierda y teocráticas que asolan buena parte de la Tierra, el coste de ejercer la libertad va desde el encarcelamiento, la tortura hasta la pérdida de la vida. Por lo tanto, ser libre en estos países es un hecho heroico que merecería el reconocimiento y el apoyo de las sociedades libres, es decir, de las occidentales. Pero esto no está sucediendo. No estamos moviendo un solo dedo para ayudar a los cubanos que reniegan de la dictadura castrista, o abandonamos a su suerte a los afganos, especialmente a las afganas, borrando de un plumazo las libertades que durante 20 años pudieron disfrutar con un elevado coste económico y de vidas, sobre todo de los cientos de miles de los propios afganos que perecieron en los combates contra los talibanes confiando en las democracias occidentales. Es repugnante que algunos de nuestros bípedos patrios se atrevan a comparar la situación de las mujeres afganas con las españolas.

¿Cuál en la situación en España? Desde 1961, según datos de la CADENASER (https://cadenaser.com/ser/2018/04/30/tribunales/1525084315_992624.html),

864 españoles murieron en los más de 3000 atentados perpetrados por la banda terrorista ETA y produjeron 7000 víctimas. Falta por contabilizar las víctimas de otros grupos terroristas como FRAP, GRAPO o Terra Lliure pero sirvan estos datos para situar el tamaño de la tragedia. Habría que añadir también los cientos de miles de vascos que se exiliaron al resto de España huyendo del terror y de la pasividad e incomprensión de sus vecinos. También faltan las 193 personas y los 2000 heridos en los atentados de los trenes del 11M, matanza de la que aún no sabemos a qué organización se debe. Siendo comparable a la del 11S por el número de víctimas en relación con la población, a diferencia de la ocurrida en Nueva York, nuestros políticos de uno y otro lado tratan vergonzosamente de ocultarla. Han sido, pues, muchos los españoles que han muerto por defender su libertad y la del resto de los españoles. Deberían tener un monumento para que nadie olvide su sacrificio, pero cada vez son menos los que conocen los nombres de nuestras víctimas más icónicas.

Si bien ahora en España no se mata por las ideas políticas, se es libre siempre y cuando no seas guardia civil y te atrevas a salir a cenar con tu mujer o tu novia en determinados pueblos del País Vasco. También serás libre siempre y cuando no se te ocurra reclamar el derecho a que tus hijos estudien en español en Cataluña, País Vasco, Galicia, Comunidad Valenciana o Islas Baleares porque si lo haces, existe el riesgo cierto de que tus hijos sean señalados y tus negocios arruinados. Si eres juez, eres libre siempre que no te atrevas a aplicar la LEY a los independentistas porque te arriesgas a ser vilipendiado y tu casa asaltada. En España hay libertad de expresión siempre que no te atrevas a difundir en los barrios obreros que la izquierda considera de su propiedad un discurso político contrario a las doctrinas totalitarias de la izquierda; si lo haces, te arriesgas a ser apedreado y ser objeto de burla y mofa en los medios de comunicación nacionales. Mejor no oses llevar la contraria a tus cuñados o tus primos en la cena de Navidad, o a tus compañeros de trabajo, cuando se hable del calentamiento global, de la ley de género o de cualquier otro de los dogmas del pensamiento único, salvo que no te importe que te tachen de facha o de extrema derecha o de derecha extrema. Dile a tu hijo que no levante la mano para llevar la contraria al profesor que le adoctrina sobre la bondad de pagar muchos impuestos, sobre la historia de la malvada España o cualquier otro tema de la doctrina del pensamiento único porque se arriesgarán a ser señalados. Pero si en verdad eres libre y quieres que tu hijo también lo sea, tendrás que enseñarle que ejercer la libertad tiene un elevado coste, que “su libertad” tiene que defenderla con uñas y dientes cada uno de los días de tu vida para no dar marcha atrás ni para coger impulso. Tendrás que enseñarle que el precio de ser libre es muy alto, que en España no tiene recompensa ni reconocimiento, y que, aún así, merece la pena.

 

José Luis Encinas

Presidente de la Asociación de Vecinos “Te Ayudamos Barajas”