Una de las obras que se llevó por delante el pluf de la burbuja inmobiliaria, fue acabar algunas de las calles en nuestro distrito de Vicálvaro. Es el caso de «nuestra» Gran Vía del Este. Los navegadores de vehículos actualizaron tarde y mal sus indicaciones, ya que varias personas nos han preguntado «¿dónde está el hospital Infanta Leonor?». Sí, está en Vallecas, en «su» Gran Vía del Este.

La zona colindante a la vía del tren, quizá la más recta en la ampliación —el día que se haga—, ha tenido un desarrollo muy bien resuelto para los tiempos que corren. Se desconoce cómo el concejal presidente Martín Casariego, de Ciudadanos, ha parcelado esos terrenos para aprovechamiento individual en labores hortofrutícolas y ganaderas. Sí, exacto, ¡tenemos huerta en Vicálvaro!

Los esfuerzos de los aficionados a las labores agrícolas han sido notables. Volvieron a sus orígenes. Algunos de ellos peinan canas hace años, muchos años; otros se guían por consejos paternos, maternos o el sempiterno «Youtube», donde las dudas se despejan.

Las construcciones son ciertamente maltrechas. Predominan el reciclaje de materiales; madera y leña de la poda de árboles, pinos en su mayoría; hierro y plástico, algunos cartones, discos para ahuyentar «pajarracos»; puertas artesanales con alambradas y candados para indicar la «propiedad» del dueño de la llave.

Se multiplican los sistemas de regadío. Unos han optado por dejar en el interior grandes bidones donde depositan agua, incluido el sistema de riego por goteo; otros traen en el coche garrafas y bidones pequeños con el líquido elemento; algún otro, el año pasado, hizo un «bypass» al riego del parque forestal.

Los constantes y diarios cuidados han conseguido el óptimo cultivo de higueras y otros árboles recién plantados; tomateras y plantas de judías; algunas lechugas, cebollas y ajos. Los más «novatos» aún no han recogido su cosecha; parte del verano, las vacaciones y el calor tan intenso se llevaron por delante la producción.

La innovación en el mes de mayo tuvo lugar con la llegada de especies avícolas: gallinas. Así es, uno de los pequeños huertos parcelados dispuso de un número pequeño de estas aves, que proporcionan unos huevos —«no muy grandes, pero excelentes de sabor», según algún paisano—.

Si bien el problema de la adjudicación del terreno público a manos privadas está resuelto —aunque es desconocido el método de elección de los dueños, el tamaño o la asignación de una u otra parcela—, «nuestra» Gran Vía del Este sigue siendo un camino de tierra, polvo y algunas piedras. Los vehículos, turismos en su mayoría, han de acceder por un paso de cebra, cruzar la acera destinada a peatones para llegar al camino sin asfaltar ni señalizar. Su destino, la huerta.

¿Situaciones de peligro? Muchas, cada día de mal en peor. Como no hay señalización, ni vertical ni horizontal en la tierra, se suceden situaciones de peligro para ciudadanos a pie, animales de compañía —canes—, corredores, ciclistas y niños que deambulan sin ton ni son por eso que un día fue naturaleza «salvaje». Los coches aún tienen sonido y alertan de su presencia, salvo cuando el dueño va despacio, muy despacio o pisa el embrague, que no se oye hasta la mínima distancia física.

Falta por asignar la mitad de la zona natural. Solamente está cultivada al lado de la vía. Junto al camino utilizado para circular, está libre. Igual aún está por resolver el concurso para asignar una parcela a cada solicitante. Se ha buscado en las publicaciones oficiales del Distrito, sin éxito. De momento. En tanto, se precisa señalización en el camino, tanto vertical como horizontal, antes de tener que lamentar algún accidente.